domingo, 6 de octubre de 2013

CAPITULO 25:

Terminamos de darnos el baño y primero salí yo que cogí una toalla y me la relié al cuerpo y luego salió Harry al cual le di una toalla que se relió en su cintura. Me agarro de la cintura y me pego a él dándome un corto beso.

-      Me gustan tus besos eh… - me dijo cuándo nos separamos.
-      No mientas, que yo a ti te gusto enterita. – nos reímos a carcajada.

Nos fuimos a vestir y como Harry acabo antes de prepararse se fue para esperarme en el salón. Yo me termine de vestir y preparar (http://www.polyvore.com/cgi/set?id=90036747&.locale=es ) y fui al salón a por él.

-      Lista, ¿nos vamos? – el asintió y se levantó.
-      Estas preciosa - me sonrió y me guiño un ojo.
-      Gracias – dije avergonzada.

Nos montamos en el coche y Harry empezó a conducir, cuando me quise dar cuenta estábamos a las afuera de Londres.

-      Harry, ¿a dónde vamos? – no me contesto – pues nada, gracias por la información- los dos nos reímos a carcajada.

De repente dejamos la carretera y nos adentramos por un carril hasta llegar a un pequeño restaurante.
Era precioso, la fachada era de piedra y las puerta y ventanas de maderas al estilo del siglo no sé cuánto.
Harry salió del coche, lo rodeo hasta llegar a mi puerta, la abrió y me ofreció la mano para salir.

-      ¿Y esto? – le dije mientras caminábamos hasta el restaurante cogidos de la mano y con nuestros dedos entrelazados.
-      Lo descubrí una tarde y me gustó – me guiño un ojo – aquí no nos molestaran, estaremos tranquilos – nos dedicamos una sonrisa mutuamente.

Entramos y pedimos una mesa que nos dieron rápidamente. Al momento nos trajeron la carta, nos sirvieron la bebida y la comida y comimos entre risas y besos.
Cuando terminamos de comer y volvimos a pelear por quien pagaba, decidimos ir a dar una vuelta por los alrededores aprovechando que sería raro que por allí hubiese periodistas y fans.
Estuvimos andando, riéndonos el uno del otro y hablando de todo hasta que llegamos a una cascada que daba a un rio, no era muy grande pero desde ella se podía observar el atardecer.

-      Ven, vamos a sentarnos aquí – le dije a Harry, sentándonos al pie de un árbol que se encontraba unos metros al lado de la cascada.

Nos sentamos, el, a un lado y yo al otro con nuestras piernas estiradas cruzando nuestros tobillos.

-      Helen, una pregunta… ¿Por qué te escapaste de casa? – me miro y yo lo mire a él. – y no me digas que mire las noticias que ya lo hice y no salía nada – levanto las manos a lo que yo no pude evitar una carcajada.
-      No sé, - levante los hombros. – yo siempre era la típica niña que era muy obediente, que siempre le hacía caso a su madre hasta la muerte de mi hermano – yo mire al frente y por lo que pude observar de reojo el también miro al frente. – desde ese día todo cambio, digamos que me replantee la vida y deje de ser la niña mimada. No había día que no discutiese con mis padres, con su típica frase de “eres la rebelde de la familia” y cosas así – mire hacia arriba para que la lagrima no cayese y cuando vi que paso volví a mirar hacia el frente – e incluso una vez me dijeron la típica frase de “mientras vivas bajo mi techo harás lo que te diga”, no dije nada, directamente me fui a mi cuarto cogí una maleta y empecé a meter ropa. – Harry me miro sorprendido y yo me reí de su cara. – pero claro, tenía 16 años, ¿A dónde se suponía que iba a ir?, todo esto Niamh apoyándome y ayudándome por eso ahora es como si fuese mi hermana. Estuve dos años más y cuando cumplí los 18 preferí callarme y aguantar hasta que en diciembre el mismo día de navidad mi padre me dijo la misma frase que dos años antes, me fui. Niamh es mayor que yo y yo sabía que ella ya tenía su piso porque estudiaba en Londres así que me fui con ella y desde ahí vivimos juntas.

Harry se quedó callado, no dijo nada, solamente agarro mi mano y entrelazo nuestros dedos.

-      Y ahora mis padres me buscan y tengo recompensa – lo mire, estaba mirando hacia el frente *que guapo coño* hasta que el me miro. - ¡qué diver! – eleve la mano que tenía libre. El solo sonrió y volvió su vista al frente. - ¿vas a decir algo? – le pregunte agarrando su cara haciendo que me mirase.
-      Si – yo asentí con la cabeza. – que tengo la novia más loca y con más agallas de este mundo. – reí a carcajada y al rato me siguió Harry.

Vimos el atardecer y cuando empezó a anochecer decidimos irnos.
Llegamos hasta el coche riéndonos, nos montamos y Harry me llevo a casa. Antes de llegar vi un coche negro a lo lejos y dejando que mi vista de lince actuase pude ver la marca al lado de la matrícula.

-      Harry para aquí por favor – el asintió y aparco – no hay periodistas…
-      No sabrán que venimos aquí.
-      Harry, ¿ves ese coche de ahí? – se lo señale con el dedo y el asintió. - ¿ves la marca? – el volvió a asentir – es la de mi padre. Me ha encontrado.
-      Nos vamos de aquí – intento poner en marcha el coche pero lo agarre del antebrazo.
-      Niamh tiene que estar dentro – el me miro con preocupación. – voy a entrar.
-      Voy contigo – yo negué con la cabeza. – Helen, me da igual lo que me digas voy contigo. – cogió mi mano y las entrelazo para tirarme de ella y así pegar su rostro al mío – no va a pasar nada, tranquila – yo asentí y deje que terminase de acercar nuestros rostros para acabar en un beso corto pero con roce de lenguas.
-      Vamos

Salimos a la vez del coche empezamos a caminar y, inconscientemente, agarre la mano de Harry entrelazando nuestras dedos.
Cuando estuvimos enfrente de la puerta, esta estaba forzada. Entramos con cuidado y, creo, que nunca olvidare esa imagen. A Niamh la tenía agarrada un hombre de mi padre mientras este le pegaba en la cara para que le dijese donde estaba yo y ella lloraba desconsolada.

-      Suéltala papa – solté la mano de Harry y me adelante un paso.
-      Mira… si es mi queridísima hija… - se acercó a mí y me intento dar un abrazo pero no le deje dándole un empujón.
-      Su.el.ta.la – le dije señalando a Niamh, a la cual soltaron después de que mi padre diese un chasquido de dedo. Esta fue corriendo hacia Harry poniéndose detrás de él.
-      Mira en que te has convertido hija mía – dijo mirándome como si me estuviese admirando.
-      ¿Qué quieres papa? – le dije alejándome de él.
-      Que vuelvas a casa – me dijo acercándose a mí a lo que yo me echaba para atrás pero me choque con algo, mejor dicho alguien… ¿Cuándo se había puesto uno de los hombres de mi padre detrás de mí?
-      No voy a volver – le dije poniéndome rígida y desafiando a mi padre con la mirada mientras el intentaba intimidarme con la suya.
-      Vas a volver – desvió su mirada al orangután que tenía detrás, le hizo una señal y este me agarro de los brazos levantándome del suelo.
-      ¡Suéltame! – le chille. El orangután se giró y empezó a andar conmigo a cuestas dirigiéndose hasta la puerta.
-      ¡SU-EL-TA-LA! – Harry se puso en la puerta. Yo lo mire a los ojos, habían perdido su verde, ahora desprendían furia. Le negué con la cabeza mientras una lagrima recorría mi mejilla.
-      Ay… que bonito el amor… - apareció mi padre por detrás dando aplausos pausados.
-      Muy bonito, muy bonito pero tú no te la llevas – dijo Harry refiriéndose a mi padre. A eso que de la nada aparecieron dos orangutanes detrás de Harry y Niall que fue corriendo con Niamh mientras esta observaba la escena asustada.

Yo mire a Harry y este me susurro un “tranquila” con una de sus sonrisas. No me preguntéis como lo hice, porque no lo sé ni yo, pero, le di una patada al orangután en ese sitio demasiado débil para los hombres quitándole dos o tres puntos del carnet de padre soltándome bruscamente en el suelo con mis correspondientes marcas en los brazos.
Harry se acercó a mí y se agacho para estar a mi altura.

-      ¿Estás bien? – me dijo mirándome las marcas. Yo asentí.
-      Ya pensaba que lo de tener novio me iba a durar más bien poco. – el sonrió para acto seguido cogerme pasando una de sus manos por mi espalda y la otra por la doblez de mis piernas, en definitiva, como cogen los maridos a su recién esposa. - ¿de dónde han salido esos dos? – le dije susurrándole al oído y señalándolos disimuladamente con mis dedos.
-      ¿Te tengo que recordar que tu novio es un cantante famoso que necesita protección? – me guiño un ojo y yo asentí largamente con mi cabeza. Nos acercamos a donde estaban los demás. Harry me dejo en el suelo y me acerque a Niamh la que se separó de Niall para venir a abrazarme.
-      ¿Estás bien? – le pregunte, ella asintió en mi hombro mientras me lo llenaba de lágrimas. La cogí de la cara. – pero no llores… si estoy bien, mira. – me di una vuelta sobre mí – además, te acuerdas que te dije que quería unos tatuajes en mis brazos, pues ea, ya los tengo – le señale mis brazos.
-      Tú estás tonta – reímos los cuatro.
-      Harry, Niall, ¿nos vamos? – le pregunto uno de los orangutanes. Me acerque a los dos.
-      No sé cómo os llamáis pero muchas gracias – le di un beso en la mejilla a cada uno. – une pregunta… ¿y…
-      Tranquila pequeña, se fueron solitos por patas. – uno de ellos me revolvió el pelo.
-      Ehhhh – le aparte la mano – que estos rizos – me señale el pelo- son difíciles de controlar – reímos todos.

Niall, Niamh y los dos hombres se fueron en un coche en el que habían venido y Harry y yo nos quedamos allí un rato ya que yo iba a coger ropa para el día siguiente ya que Harry y Niall nos habían obligado a irnos a su casa a dormir.
Estaba en mi cuarto cogiendo ropa cuando me di cuenta que Harry me observaba apoyado en el marco de la puerta con su sonrisa. Se fue acercando poco a poco quedando enfrente mía.
Empezó a rozar sus manos por mis marcas que ahora se habían convertidos en moratones.

-      Cabrones… - susurro mirando las marcas. Lo cogí del mentón acunando su cara en mis manos.
-      Ehh, estoy bien ¿vale? – el ladeo un poco la cabeza mostrándome así que no estaba muy convencido.
-      Pensaba que te volvía a perder… - y así, de la nada, me dio un abrazo que acepte gustosamente enterrando mi cara en su pecho.
-      Peeeeeeero – me aleje de él mientras ambos nos agarrábamos de la cintura mutuamente mirándole directamente a los ojos. – por suerte, los hombres tenéis un punto muy débil, yo muy buena puntería, y tu unos guardaespaldas que me caen genial – le sonreí y el me sonrió – así que no pienses que me perdías porque estoy aquí, contigo – le di en el pecho con mi dedo índice.


Termine de coger la ropa y salimos de allí montándonos en el coche y tomando dirección para su casa.







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